lunes, 30 de marzo de 2009

Una historia de amor más (Parte XI)



Álvaro fue el primero en hablar cuando se separaron:
-Bueno, creo que justamente te he pillado en el momento en el que te ibas.
-Si bueno, pero… –Laura se sonrojó.
-Supongo que tienes muchas cosas que contarme, como ese anillo de casada –dijo Álvaro mientras cogía su mano y observaba el anillo.
-Si.
-Pues… espero que nos veamos pronto. Yo ahora mismo estaba volviendo a mi antiguo piso. Quiero ver como esta tras estos diez años así que ya sabes, cuando quieras que nos veamos ya sabes donde vivo.
-Claro –dijo Laura mientras sonreía y asentía.
Se despidieron con un último abrazo y cada uno siguió su camino pensando cómo sería su próximo encuentro.
Cuando por fin llegó el momento de marcharse estuvo un momento en duda, ¿Debía ir a su casa a terminar las cosas del trabajo que tenía pendiente o debía de ir a casa de Álvaro? Finalmente se fue a su casa, ya habría tiempo para estar con Álvaro, después de todo, había vuelto.
Cuando llegó a su casa soltó sus cosas sobre el escritorio y suspiró. Dirigió la mirada por todos los cuadros de la pared y que había pintado ella, todos y cada uno de ellos le traía intensos recuerdos del pasado, en ellos había dejado parte de si misma.
Aquella noche sintió a Darío más lejano que ninguna otra noche ya que en la última persona en la que estaba pensando era en él.
Al día siguiente tras el trabajo si decidió ir a casa de Álvaro. Cuando tocó la puerta se sintió como el primer día en que lo hizo, el primer día en que le vio, el primer día en que perdió una parte de si misma para entregársela a él.
La puerta se abrió y Álvaro apareció.
-Vaya, pensé que tardarías más en venir.
-¿Por qué?
-No lo sé. Lo supuse simplemente.
De nuevo aquella cálida sonrisa. Para Laura en aquel momento ya no existían las preocupaciones, solo existían ellos dos, nadie más.
-Puedes pasar –dijo Álvaro apartándose a un lado y dejándole paso.
Ella entró y observó que la casa estaba exactamente igual, cada centímetro. Álvaro la condujo, como el primer día, al salón, donde ambos se sentaron y hablaron para ponerse al día.
-Bueno, cuéntame que ha sido de ti en estos diez años –dijo Álvaro.
-Bueno pues… -Laura le contó todo lo sucedido, su matrimonio, su intento fallido de tener un hijo, su trabajo…, aunque omitió una parte muy importante, lo mucho que le había echado de menos a pesar de estar casada. – ¿y tú qué?, Cuéntame que ha sido de tu vida en todo este tiempo y… el motivo de que te marcharas ya que nunca me lo dijiste realmente.
-El motivo… -Álvaro se levantó y comenzó a andar por el salón. Esto preocupó a Laura ya que generalmente Álvaro nunca se había mostrado inquieto con ella –es que tuve que ir a un hospital de allí.
-¿Por qué? –la preocupación se mostró en el rostro de Laura.
-Tenía un tumor en el pulmón. Me lo detectaron poco antes de conocerte. Aquí en España no sabían como tratarlo así que tuve que buscar en el extranjero, y finalmente encontré la solución en Estados Unidos.
Laura no podía hablar, se había quedado atónita.
-En cuanto a lo que he estado haciendo durante todo este tiempo… tras operarme estuve bastante tiempo postrado en aquella cama. Cuando por fin me recuperé, realmente no quise volver a España, el único recuerdo bueno que tenía de aquí era que había podido conocerte y el mero hecho de pensar que ya estuvieras con otro me destrozaba por dentro y me mataba así que preferí quedarme allí. Encontré trabajo en un periódico de allí y pude ir subsistiendo. Conocí a una chica con la que mantuve una relación de unos… dos años pero finalmente vimos que lo nuestro no funcionaba y lo dejamos. Desde entonces he sido un alma que vagaba por las calles de la ciudad esperando a que su cuerpo le ordenase volver aquí, a España, contigo –Álvaro le cogió la mano.
Laura notó como se sonrojaba de nuevo e intento separar su mano de la de Álvaro pero algo se lo impedía. Ambos se miraron fijamente. La antigua llama del amor que había surgido entre ambos nunca se había apagado, simplemente se había limitado a ir apagándose hasta quedar en brasas, unas brasas que esperaban de nuevo crear una llama de amor tan fuerte que hicieran palidecer a Romeo y Julieta, que hiciera que Dafne y Cloe les envidiaran. El silencio se hizo por completo en la casa. Se escuchaba el suave aletear de los pájaros pasando junto al balcón que daba a la calle. Álvaro acercó un poco más su cara a la de Laura mientras ella se olvidaba de su matrimonio, de un engaño para si misma, de sus votos sagrados, mentiras dichas para consolarse a si misma. Finalmente Álvaro la besó. La besó como la primera vez. Sus labios ardían y pedían más besos de ella. Laura acarició el cuello de Álvaro con sus manos mientras cerraba los ojos y unas lágrimas de alegría recorrían sus mejillas.
Ambos se desvistieron e hicieron el amor sobre aquel sofá que guardaba tantos recuerdos de ambos.
Iluminada únicamente por la luz de la luna y las estrellas que entraba por la ventana Laura dibujó a la persona que se encontraba junto a ella durmiendo. Álvaro dormía profundamente entre aquellas suaves sábanas ajeno a que era modelo en aquellos momentos.
La luz de la luna hacia que los ojos de Laura brillaran levemente, la luz acentuaba aún más la piel blanquecina de Eva.
Antes de que se marchara a Estados Unidos, cada noche le gustaba sentarse junto a Álvaro cuando dormía profundamente y dibujarle en la posición en que se encontrara aquella noche. El mundo del arte la atraía enormemente desde que fuera una niña, ya fuera literatura, arte dramático o dibujo artístico. Aunque lo que más le gustara fuera la literatura, que por algo trabajaba en periódico, el dibujo artístico había sido la otra rama del arte que la había cautivado desde que tuviera memoria.
Esta situación continuó durante meses. Laura no se sintió nunca culpable porque su marido también le era infiel, al igual que todos los hombres con los que ella había estado. Ya ni se molestaba en tomarse en serio eso que llaman matrimonio.
Una tarde de Febrero Laura quedó con Álvaro en una cafetería. Álvaro estuvo esperando un cuarto de hora a que llegase Laura y cuando por fin lo hizo no le dejó recriminarle su tardanza.
-¡Mira! –dijo Laura mientras sacaba de su bolso un libro titulado Como una historia de amor más. En la portada se observaban un hombre y una mujer abrazados y una rosa enroscada en ellos que abría sus pétalos sobre sus cabezas.
-¿Ves? Al final he abierto mis pétalos… -dijo Laura mientras se sonrojaba.
-Vaya… no sabía que tuvieras un libro publicado.
El asombro de Álvaro quedaba patente en el énfasis que ponía en cada una de las palabras.
-Aún no está publicado. Pedí que me lo encuadernaran para que lo vieras.
-¿Y sobre qué hablas?
Ella se acercó a él y le abrazó.
-Sobre nosotros. Aquí se cuenta nuestra historia a la vez que cuento otras más que surgen a partir de la nuestra.
-Vaya….
Álvaro dijo eso por decir algo ya que realmente no sabía que decir


Aquella mañana el cielo se encontraba salpicado de nubes que hacían que los rayos de sol se colaran entre ellas provocando un bello efecto. Hacía frío y el olor a tierra mojada se encontraba en el ambiente.
Laura había dejado crecer sus pelos en todos aquellos meses en los que había estado con Álvaro. Cuando su marido le preguntaba el porqué de que hubiera decidido dejarse los pelos largos ella contestaba simplemente que se sentía de nuevo más joven.
Estaba esperándole desde hacía una media hora y no llegaba. Laura comenzó a preocuparse pero ese sentimiento desapareció cuando vio a Álvaro corriendo desde la otra acera hacía ella.
-Podías haber tardado más….
-Vamos, vamos, no te enfades. He tardado un poco más por esto –y sacó del bolsillo de su chaqueta un par de billetes.
-¿Qué es eso?
-¿No lo ves?, Billetes. Para ti y para mí.
Laura aún no podía llegar a creérselo.
-Pero no podemos irnos –dijo ella.
-¿Por qué?
-Porque… yo estoy casado y tú… -verdaderamente no se le ocurría ningún motivo verdadero para ofrecer una excusa.
-¿Y qué pasa si estás casada?, tú ya no quieres a ese hombre y él te engaña con otra. Dime, ¿Qué es lo que te ata a quedarte aquí?
Nada, esa era la respuesta, absolutamente nada. Durante toda su vida había estado esperando a que alguien le llegase a hacer una proposición de ese calibre y por fin había llegado el momento.
Ella sonrió con tal pureza que parecía que era la primera vez que lo hizo.
-Esta bien –se acercó a él y le abrazó, -¿Para dónde son?
-Para Escocia. Una vez me dijiste que ese sería tu segundo hogar si tuvieras la oportunidad de que lo fuera. Pues bien, aquí esta esa oportunidad –dijo mientras agitaba los billetes-
-¿Cuándo nos iremos?
-Mañana.
-¿Mañana?
-Si, ¿Para qué esperar mas?, Ahora ha llegado nuestro momento de ser felices, no debemos desaprovecharlo.
-Pero ¿y mi divorcio?
-Estoy seguro de que podrás hacerlo desde allí y también lo estoy de que tú marido no se molestará.
-¿Dónde y a qué hora?
-Mañana, a las cinco y media, aquí mismo.
Laura le besó y se marchó sintiendo que había tocado la cima del mundo. Nadie podía eclipsar la felicidad que sentía en aquel momento.
Cuando llegó a su casa comprobó que Darío no hubiera llegado aún. Miró el reloj, eran las tres y media, Darío no volvería hasta pasadas las nueve de la noche, tiempo de sobra para poder preparar su maleta. Subió las escaleras y sacó su maleta. Se probó todos sus vestidos uno a uno para ver cuales eran los que le sentaban mejor y cuales elegiría para cada día. Cuando tuvo su maleta hecha fantaseó sobre cómo sería su vida allí, junto a su amado. Cuando vio que ya se acercaba la hora en que Darío regresaría escondió la maleta bajo la cama.
Aquella noche durmió como una reina y a la mañana siguiente se dio un baño con sales de flor de loto, aquel día ella sería la reina.
Cuando Darío se marchó ella le despidió con un beso cálido, lo cual le extrañó ya que generalmente ella no solía ser tan cariñosa con él, pero ella sentía que se lo debía. Aquella tarde se iría y él ni siquiera lo sospechaba. Una vez se fue le escribió una carta de despedida:

Darío, ha llegado el momento en el que debo decirte adiós. Sé que no lo lamentarás mucho ya que sé que tienes a otras para ocupar mi lugar. Esto no es una recriminación sino simplemente la enunciación de una verdad. Me marchó a Escocia con el hombre que más amo y he amado en este mundo. Recibirás los papeles del divorcio pronto, no debes preocuparte por eso, yo me encargaré de organizarlo todo.
Adiós Darío,
Laura

Una vez terminada la carta Laura cogió su maleta, cerró la puerta de su casa y suspiró fuertemente para liberarse del sentimiento de dolor que le producía dejar aquella casa, en cuyas paredes ya nunca más dormiría. Tras esto se puso en marcha hacía el lugar donde había quedado con Álvaro.
Laura sonreía, era tan feliz…. Ni siquiera se dio cuenta de lo que ocurrió cuando aquel coche la atropelló y cayó inerte al suelo. En su mano, aún caliente, sostenía aquella amapola, aquella hermosa amapola que ahora perdía sus flores poco a poco. Ya no se reuniría con él de nuevo, ya no habría más futuro para ellos pero eso para ella ya no importaba porque había sido la persona más feliz del mundo durante unos breves instantes. Ella ya no vería las lágrimas que se verterían, no vería romperse el corazón de Álvaro por última vez.
Fue enterrada un dieciséis de Diciembre, mientras los copos de nieve se posaban lentamente sobre la hierba y los árboles. A su entierro acudirían sus amigos, familiares y Álvaro. Cuando todo terminó Álvaro se quedó allí, al pie de su tumba, recordándola y hablando al vacío durante toda la noche.
Cuando por fin llegó el amanecer Álvaro supo que ya era hora de marcharse. Los suaves rayos de sol, fueron dando su abrigo a aquella fría losa de mármol que sería el recuerdo de Laura. Álvaro notó como aquella luz le calentaba su espalda al marcharse, dejando una gran parte de si mismo en aquel lugar e imaginando que habría sido de ellos si el destino no hubiera querido separarlos.
En los meses siguientes se dedicó a hacer que la obra de Laura llegara a varias editoriales, las cuales lo publicaron poco más tarde.
Álvaro hizo una breve dedicatoria al comienzo del libro:

Dedicado a toda persona que busque en su interior un rayo de luz que le lleve al momento más dulce de su vida, el momento en el que mire a los ojos a la persona que ama y pueda decirle que la ama y que desea pasar el resto de su vida con esa persona.

Además también escribió un breve soneto a manera de dedicatoria para ella:

Tejiendo astros en el anochecer,
Pensando en incertidumbre y dolor,
En decepción y en amado calor,
Calor llegado en el amanecer.

Algo que te contraria aparecer,
La tormenta del dolor sin clamor,
Singular fantasma falto de amor,
Falso, frío e inerte amanecer.

Estoico corazón al fin vencido,
Herido, desgarrado y tan cansado,
Opaco corazón malavenido.

Llegada la adorada curación,
Corazón querido por el amado,
Amanecer de la resurrección.


Tras cumplir la que habría sido última voluntad de Laura, Álvaro se sintió en paz consigo mismo pero a la vez completamente desolado en su interior. Había realizado la última voluntad de su amada, a la cual dedicó intensos poemas de amor en lo que le restó de vida, pero ella ya no estaba junto a él. ¿Qué tenía que hacer ya?, esperar la hora en que la muerte le llevase con ella, junto a su amada.
Álvaro murió tres años después por la reaparición del tumor en el pulmón, el cual fue para él una bendición. Cuando murió, lo hizo con una sonrisa en sus labios, por fin había acabado el sufrimiento, ahora llegaba el momento en el que realmente él tocaría la cima del mundo.

1 comentario:

Lint dijo...

¡Me encanta! Esta historia es realmente preciosa, incluso me ha hecho llorar.
Sigue así, de verdad, no te conozco de nada, pero ver que existe gente capaz de crear cosas así siempre me emociona.
Un beso!